En los talleres de Constelaciones familiares no se establecen tarifas diferenciadas entre quienes constelan y quienes participan como representantes.
Desde una mirada terapéutica y sistémica, la experiencia del grupo es valiosa para todas las personas que asisten, y no es posible garantizar previamente hacer una constelación por motivos terapéuticos.
La posibilidad de realizar una constelación se valora en el propio encuentro, una vez recogida la información necesaria y teniendo en cuenta la claridad de la demanda, el momento vital de la persona y lo que resulte más adecuado desde el punto de vista terapéutico.
La experiencia me ha mostrado que todas las personas que participan en un taller grupal se ven movilizadas de algún modo, ya que trabajamos con dinámicas, vínculos y heridas que forman parte de la experiencia humana.
Incluso cuando no se constela de manera directa, suelen emerger comprensiones, resonancias internas y movimientos significativos que continúan desplegándose más allá del taller.
La sola presencia en el grupo es ya un gesto de apertura y disponibilidad hacia el propio bienestar.